‘Estaba sentada donde tú estás’: esta maestra bilingüe de Newark usa su propia experiencia para inspirar a sus estudiantes

Wirmarie Morales es maestra bilingüe de Newark. (Cortesía de Wirmarie Morales)
How do teachers captivate their students? Here, in a feature we call How I Teach, we ask great educators how they approach their jobs.

Ser maestra no es solo un trabajo como otro cualquiera para Wirmarie Morales. Es un llamado respondido por tres generaciones de mujeres en su familia: su abuela, su madre, tres tías, su hermana y ella.

“Está en la sangre”, dice Morales, cuya hija universitaria también está estudiando para ser maestra. “Creo que nacimos con esa vocación porque todos hemos sido y somos educadores”.

Con excepción de la abuela de Morales, quien enseñó en su natal Puerto Rico, todas las mujeres optaron por trabajar en las escuelas de Newark. Morales ha trabajado en la escuela Ridge Street  toda su carrera por 23 años, donde es maestra bilingüe del cuarto grado.

La escuela tiene un significado especial para ella. Asistió a Ridge Street cuando era una niña que hablaba poco inglés después de que su familia se mudó de Puerto Rico. Se destacó en la escuela, se graduó de la que ahora se conoce como Science Park High School antes de obtener un Bachillerato en Educación y dos Maestrías en Kean University. Ahora esta trabajando en un doctorado en educación, Morales le da crédito a las escuelas de Newark por haberla puesto en un camino exitoso.

“Tuve una gran educación”, dijo Morales, cuyos dos hijos menores asisten actualmente a escuelas públicas en Newark. “Tuve maestros que siempre me ayudaron a encontrar lo mejor de mí y siempre me guiaron”.

Este año, la pandemia ha obligado a educadores veteranos como Morales a adaptarse.

Ahora sus lecciones no son en un salón de clases, sino virtuales desde un vestidor en su casa del barrio Norte donde instaló una pizarra, una cámara y varias pantallas de computadora. Después de que los edificios escolares cerraron sus puertas en marzo, comenzó a enviar a sus estudiantes abrazos virtuales y a realizar talleres en línea en español para ayudar a los padres. Mientras muchas de las familias de Newark luchaban con la inseguridad alimentaria y financiera, Morales entregó alimentos a hogares de sus estudiantes y los ayudo a inscribirse para recibir Internet gratis.

“La pandemia me convirtió en un tipo diferente de maestra”, dijo. “Solo trataba de asegurarme de que mis estudiantes estuvieran bien, esa era mi mayor preocupación”.

¿Cómo fue para ti ser estudiante en el proceso de aprender inglés?

Fue muy difícil. A los seis años, todavía estás aprendiendo tu idioma natal y también ahora tienes que agregar otro idioma.

Mis profesores fueron geniales y siempre pusieron a mi disposición el mismo contenido, y el mismo plan de estudios [como se usaban en las clases solo en inglés]. Y ahora sé que, como maestra bilingüe, a veces esos recursos no están disponibles todo el tiempo para los estudiantes bilingües.

Mi mamá me ayudaba, y los miembros de mi familia, pero  realmente  yo navegaba el idioma académico a solas. Cuando eres la primera generación en este país, uno se convierte en traductor. Todas estas experiencias ayudan a dominar un idioma, pero para un niño, esto es difícil.

¿Cómo ha influido esa experiencia a tu trabajo como profesora bilingüe?

Me convierte en una maestra mejor porque me hace más empática a las necesidades de mis estudiantes. Yo entiendo cuando un estudiante entra a mi salón de clases por primera vez y está aterrorizado porque acaba de dejar su país y está en este mundo completamente nuevo con un idioma completamente diferente.

Siempre les digo: “Estaba sentado donde estás, literalmente. Puedes lograr cosas mucho más grandes que yo”.

Cambiando el tema a la primavera pasada: ¿Cómo fue tener que de repente enseñar de forma remota?

En cuanto pude comunicarme con los padres, tratamos de comenzar el aprendizaje en línea. Pero el aprendizaje en línea fue un desafío.

Por ejemplo, en mayo una estudiante me llamó llorando. Me dijo desesperadamente que el centro de alimentos había cerrado antes de ella poder llegar y no quería pasar hambre. En el salón de clase,  me hubiera dado cuenta si hubiera necesidad en su hogar, pero con el aprendizaje en línea se me presento una barrera en saber si mis estudiantes estaban bien.

Pude comunicarme con su padre. Descubrí que el y su esposa perdieron sus empleos.  Estaban luchando. Así que fui esa misma tarde a comprarle alimentos y compra para su hogar. Luego me encargue de hacerle arreglos para que la ciudad le entregara comida semanalmente.

De alguna manera o otra la pandemia me convirtió en una maestra diferente. Siempre estamos creciendo y aprendiendo en esta profesión, esto a solo añade experiencia a la vocación. Solo me quería asegurarme que mis estudiantes estuvieran bien, esa era mi mayor preocupación.

¿De qué otra manera ha afectado la pandemia a tus estudiantes y sus familias?

Para muchos de mis estudiantes, sus familias, perdieron sus trabajos. Tuve estudiantes que perdieron familiares por el COVID. Los estudiantes estaban aterrorizados y asustados.

Ha afectado su aprendizaje. No están frente a mí. No puedo atender a sus necesidades de la forma en que lo haría en el aula. No porque no estamos enseñando, sino simplemente porque es diferente estar en persona que estará través de video en una reunión de Webex o Zoom.

La mayoría de los estudiantes están listos para regresar. Ellos dicen, “Queremos ir a la escuela. Nunca más vamos a desear un día de nieve libre”.

¿El acceso a la tecnología ha sido un desafío para sus estudiantes?

La tecnología es un gran desafío porque muchos de mis estudiantes no pueden pagar por un Chromebook de lo que parece solamente  200 dólares. Y si hay varios hermanos en el hogar, solo una persona puede usar la Computadora a la vez y  los demás pues tienen que esperar.

Cuando esto ocurrió en la primavera, quizás cinco de mis 25 estudiantes tenían acesso una computadora. Algunos usaban sus teléfonos para hacer sus tareas diarias. Así que permití que los niños tomaran fotografías de su trabajo escrito a mano y me las enviaran [hasta que] la escuela comenzó a distribuir Chromebooks a cada estudiante.

En ese momento, tenía algunos estudiantes que iban a Dunkin ’Donuts o Burger King para acceder al Internet. Inmediatamente, hice llamadas para algunos de mis padres y los ayudé a conectarse a Internet. Gracias a Dios por Optimum, que le ofreció el Internet gratis.

Ahora, en septiembre, todos mis estudiantes tienen acceso a una computadora.

¿Cómo ha sido esto para los estudiantes cuyos padres no hablan inglés?

Ha sido muy difícil para los padres.

He realizado varias reuniones por FaceTime con  padres y/o  reuniones de Zoom. Literalmente compartí mi pantalla y les expliqué todo: cómo usar Google Classroom, cómo contactarme a través de cualquiera de las aplicaciones, y  cómo asegurarse de que sus hijos realmente estén entregando el trabajo.

Si estos padres me dan la confianza de educar a sus hijos, entonces yo quiero darles el mayor respeto posible por ser parte de mi equipo.

¿Cómo se creas una comunidad entre los alumnos cuando están separados físicamente?

Usamos las mismas reglas, excepto que son virtuales. Nos respetamos, levantamos el pulgar, levantamos la mano, no nos interrumpimos unos a los otros. Mantenemos nuestras cámaras encendidas porque quiero siempre ver sus rostros bellos.

Todavía trato de hacer las mismas actividades de la rutina de la mañana: nuestros abrazos virtuales y cuéntame un poco sobre tu día.

Hay días en los que los niños no quieren irse y yo les digo: “Chicos, son las tres, tengo que irme”. Pero dicen, “Oh, pero quiero mostrarte mi mascota”. Así que todavía, aunque virtual,  tenemos el mismo tipo de relación que tendríamos en la escuela.

¿Qué consejos le darías a los nuevos profesores?

Siempre les digo a los maestros que estoy entrenado y soy su mentor, de que todos los niños necesitan al menos una persona que esté increíblemente loco por ellos. Eso es todo lo que necesitan: un maestro que crea en ellos. Cuando un niño cree así,  puede llegar a las estrellas.

Traducido del español por Wirmarie Morales. Original está aquí.

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