Las escuelas de Cherry Creek quieren ayudar a los niños de primaria en proceso de duelo

A boy stands silhouetted in a dark hallway next to a counter and a set of stairs.
Desde que comenzó la pandemia, más niños han sufrido la pérdida de un padre o cuidador. (Joel Gerone Larupay / EyeEm/ Getty Images)

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Por años después de que Oliver Dean perdiera a su padre a los 5 años por cáncer, había cosas que le desencadenaban depresión.

Pero Oliver contaba con algunas ventajas: Tenía una madre que trabajaba en su escuela, un orientador escolar accesible y un psicólogo especializado en duelo infantil. Juntos, le ayudaron a sobrellevar recuerdos abrumadores y el dolor incapacitante.

Desde que comenzó la pandemia, más niños han sufrido la pérdida de un padre o cuidador, pero muy pocos de ellos tienen acceso a este tipo de apoyo.

El año pasado, el Distrito Escolar de Cherry Creek empezó un programa piloto con la organización sin fines de lucro Judi’s House en Aurora, dedicada a la atención al duelo, para ofrecerles terapia de grupo a los estudiantes de primaria. La Cherry Creek Schools Foundation está financiando el programa piloto.

Este año el programa atiende a 20 estudiantes en dos escuelas.

“Creo que hay mucha más necesidad, sin duda”, dijo Steve Nederveld, director de salud mental del Distrito Escolar de Cherry Creek. “Hubo escuelas que nos pidieron específicamente este tipo de programa”.

Dean conoce esa necesidad.

Un día en tercer grado, leer un libro sobre una niña que padecía alopecia (una enfermedad que provoca la caída del cabello) llenó la mente de Dean con dolorosos recuerdos sobre su padre calvo y sobre cómo no lo recordaba con pelo.

A menudo, los maestros sabían avisarle a Dean cuando un tema en clase podría recordarle su pérdida. Ese día, Dean no esperaba que le invadiera una oleada de dolor. Pero como había estado aprendiendo cómo manejar sus emociones, reconoció lo que sentía y decidió salir del salón de clases.

Ahora a los 19 años, Dean dice que tuvo suerte de contar con ese apoyo, en parte organizado de antemano por su papá, un trabajador social. Él sabe que la mayoría de los niños no son tan afortunados.

“Mucha más gente de lo que se espera pierde a un ser querido antes de cumplir los 18 años”, dijo Dean. “No conoces las circunstancias de todo el mundo. La gente que se siente identificada es mucha más de la que esperas”.

La necesidad de atención al duelo está creciendo

Si el ensayo de Cherry Creek demuestra que ayuda a los niños, los líderes dicen que les gustaría que pudiera convertirse en parte regular de los programas de Judi’s House para las escuelas. Para ello se necesitarían más datos que demuestren que el programa funciona, así como una forma de pagarlo, ya que el grupo no les cobra a las escuelas por el servicio.

Por años, la organización sin fines de lucro se ha enfocado en las escuelas intermedias, donde considera que sus limitados fondos pueden tener mayor impacto. Pero los líderes de otras escuelas conocían el programa y pidieron también servicios similares a su nivel, dijo Nederveld.

Es difícil obtener cifras firmes, pero las personas que trabajan en las escuelas dicen que cada vez hay más estudiantes que estudiantes que sufren pérdidas. Nederveld dijo que parte de ello está relacionado con el COVID, pero los estudiantes también están sufriendo las consecuencias de muertes por suicidio, sobredosis de drogas y violencia armada.

Un modelo desarrollado por Judi’s House calcula el número de niños que sufrirán la muerte de uno de sus padres o hermanos antes de los 18 años. En 2018, esa cifra fue de 1 de cada 18 niños en Colorado. En 2022, subió a 1 de cada 14 niños.

Eso representa más o menos un 7% de la población de niños.

Las escuelas consideran beneficioso ayudar a los estudiantes a superar el duelo

Judi’s House está operando sus grupos de terapia de duelo en la primaria Village East Community de Cherry Creek, donde casi un 70% de los estudiantes califican para comidas con subsidio (una medida de la pobreza) y en Rolling Hills, donde califica alrededor de un 15% de los estudiantes.

En otoño, el personal se comunicó con familias de estudiantes que sabían que habían perdido a un familiar cercano. Si la familia estaba de acuerdo, el personal clínico de Judi’s House entrevistaba al estudiante para ver cómo le estaba afectando el duelo y asegurar que el grupo podía beneficiarle. Los maestros también llenaron cuestionarios sobre el comportamiento de sus estudiantes en clase.

Luego los estudiantes se asignaron a uno de los dos grupos dependiendo de su edad.

Los lideres del distrito y de la escuela dicen que el hecho de que el grupo funcione en la escuela, durante el día escolar y de forma gratuita, ayuda a las familias que pudieran enfrentar barreras al tratar de conseguir esos servicios fuera de las escuelas.

Karen Arrowsmith, psicóloga de Rolling Hills, dijo que a mitad del programa de 10 semanas para estudiantes de tercero a quinto grado, los maestros informaron de que los estudiantes están entusiasmados.

“Ellos esperan con gusto participar en el grupo, están empezando a compartir más, y están checando para verificar que la reunión del grupo todavía va a ocurrir esa semana”, dijo Arrowsmith.

La meta es ayudar que poco a poco a los estudiantes entiendan mejor sus sentimientos y procesen sus emociones. Luego los estudiantes aprenden varias estrategias para sobrellevar el duelo.

“Cuando muere alguien cercano a un niño, su mundo se tambalea”, dijo Arrowsmith. “Yo diría que vemos una variedad de emociones: confusión, tristeza, coraje, preocupación. Los niños me dicen que es difícil dormir. Concentrarse en las tareas escolares puede ser difícil”

Para el grupo más joven, un curso de seis semanas les ayuda a definir y entender sus sentimientos y aprender estrategias para sobrellevarlos.

“La manera en que un niño entiende el mundo puede quedar destrozada o alterada”, dijo Emily Napier, la trabajadora social clínica licenciada y gerente de atención comunitaria de Judi’s House que dirige el programa piloto. “Es muy doloroso. Eso puede manifestarse en cambios de comportamiento. Es de ayuda que las escuelas puedan decir no queremos castigar a estos niños por este comportamiento, pero también necesitamos que ellos puedan funcionar y aprender.”

La mamá de Oliver Dean, Lisa Dean, dice que cuando Oliver estaba creciendo ella veía cómo su dolor se manifestaba de diferentes maneras. Los cambios, como el final del año escolar, eran difíciles. Los maestros notaron que estaba teniendo dificultades en su bar mitzvah, y ella se dio cuenta de que la razón era que echaba de menos a su papá.

“El duelo no es un acontecimiento, es un viaje que cambia con el tiempo dependiendo de la madurez del niño”, dijo Lisa.

Napier dijo que los grupos son una “poderosa oportunidad para que los niños se sientan vistos”.

“Especialmente con los niños pequeños, a veces como sociedad subestimamos el dolor que sienten, pero los niños pequeños sufren tanto como nosotros”, dijo Napier.

Oliver, que ahora está en la universidad, desea que más escuelas estuvieran preparadas para ayudar a los estudiantes que sufren la muerte de un familiar cercano.

“Vivimos en una sociedad que no quiere hablar de la muerte. Pero para las personas que están en duelo, es más difícil no ver que otra persona lo entiende”, dijo. “No es justo dejar a los estudiantes solos con la expectativa de que se desempeñen al máximo nivel, incluso cuando ya han pasado por tanto. A veces hay cosas en la vida que son más importantes”.

Yesenia Robles es reportera de Chalkbeat Colorado y cubre temas sobre los distritos escolares K-12 y la educación multilingüe. Para comunicarte con Yesenia, escríbele a yrobles@chalkbeat.org.

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