Este distrito de Colorado encontró ayuda en Filipinas para resolver la escasez de maestros

A woman with dark hair works with a student who is looking up at her.
Nicole Oyson, una maestra de ciencia que vino de Filipinas, trabaja con su estudiante, Angelo Gomez en el distrito de Harrison. (Mark Reis / For Chalkbeat)

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El día que Nicole Oyson hizo la entrevista para un puesto de maestra de ciencias en la Carmel Community School de Colorado Springs el pasado julio, se levantó a las 3 a.m. para prepararse, maquillarse y ponerse una blusa y una chaqueta sobre unos pantalones cortos.

A las 4 a.m. en el pueblo de Mabinay en Filipinas, se unió nerviosa a una videollamada con dos entrevistadores de Colorado, donde ya era media tarde. A las 4:30 a.m. de Filipinas, Oyson tenía una oferta de trabajo. 

“Me quedé en shock”, dijo. “Estaba a punto de llorar cuando la acepté”. 

Oyson es una de los cada vez más numerosos maestros internacionales que están llenando vacantes en algunos distritos escolares de Colorado que enfrentan una escasez de maestros nacionales, especialmente en áreas como matemáticas, ciencias, educación especial y educación bilingüe. Los líderes del Distrito dicen que los educadores internacionales ayudan a cubrir brechas en el cuerpo docente y a ampliar los horizontes culturales de los estudiantes.

Oyson, que había sido maestra durante cinco años en Filipinas, dijo que cuando llegó a Carmel Community School el pasado septiembre, les mostró a sus estudiantes de octavo grado una presentación en PowerPoint sobre su país: la bandera, la comida, la cultura y las playas. 

Los estudiantes decían: “Si viviera cerca, iría a nadar todos los días”, recuerda Oyson. “Algunos dijeron que nunca habían visto una playa ni el mar en persona”. 

Filipinas está formada por más de 7,000 islas y su población es de unos 114 millones de habitantes.

Los estudiantes también hicieron muchas preguntas: ¿Cuánto tiempo tardó en viajar a Colorado? ¿Qué tipo de música les gusta a los filipinos? Varios niños querían saber cómo decir palabras y frases en tagalo, uno de los dos idiomas filipinos que habla Oyson.

“Son muy graciosos”, dijo.

Christine O’Brien, funcionaria de información pública del distrito de Harrison en Colorado Springs, donde trabaja Oyson y que tiene 12,600 estudiantes, dijo que el distrito empezó a contratar a maestros de Filipinas en año escolar 2015-16, y excepto por una pausa durante la pandemia, lo ha hecho casi todos los años desde entonces. 

“Realmente fue una solución innovadora para resolver la escasez de maestros en esas áreas donde es difícil conseguir personal”, dijo. “No encontrábamos candidatos calificados en esas áreas, no importaba a cuántos eventos de reclutamiento de maestros asistiéramos”. 

O’Brien dijo que la docencia sigue siendo una profesión atractiva en Filipinas y que las universidades gradúan a muchos candidatos calificados. Además, los sueldos de los maestros estadounidenses suelen estar muy por encima de lo que pagan las escuelas en Filipinas. 

Oyson, que ahora está trabajando en su maestría, dice que los maestros principiantes en Filipinas ganan unos $460 mensuales. Aquí ella gana nueve veces esa cantidad.

Una vía para intercambio cultural, no para inmigración

Este año, Harrison cuenta con nueve maestros filipinos, y 33 más empezarán en otoño. La mayoría son maestros de matemáticas, ciencias o educación especial, y unos pocos trabajan como patólogos del habla o especialistas en terapia ocupacional. En total, los maestros filipinos representarán alrededor de un 7% de los maestros del distrito el año que viene.

Como muchos maestros internacionales, Oyson está en Estados Unidos con una visa J-1, destinada a intercambios educativos y laborales, no como una ruta para inmigrar. La visa también está disponible para maestros, estudiantes de medicina, niñeras y consejeros de campamentos de verano. Para los maestros, la visa es válida por tres años, con opción de extenderla a cinco.

“Se trata de una visa temporal”, dijo Nelson Molina, director ejecutivo de desarrollo de programas en Global Ambassador Programs, la organización que patrocina a personas con visa J-1 a nombre de los distritos. “No es para propósitos migratorios. Es para intercambio cultural” 

Molina dijo que a fin de ser elegible para una visa J-1, los maestros deberán tener un diploma universitario y al menos dos años de experiencia docente a tiempo completo en sus países de origen. A los distritos escolares se les requiere pagarles a los maestros visitantes el mismo salario estándar que reciben los maestros estadounidenses que cuentan con la misma educación y experiencia.

A nombre de distritos escolares de 10 estados, la organización de Molina patrocina a maestros con visa J-1 de aproximadamente 34 países, entre ellos España, Francia, Inglaterra, Filipinas y México. En Colorado, Global Ambassador Programs trabaja con cuatro distritos, entre ellos Harrison, Fort Lupton, y dos distritos de montaña, Eagle County y Summit.

Para ser maestra en los Estados Unidos, “tienes que ser fuerte”, dijo Nicole Oyson, una maestra filipina que lleva un año trabajando en una escuela en Colorado Springs. (Mark Reis / For Chalkbeat)

El Departamento de Educación de Colorado no lleva cuenta de la cantidad de maestros de Colorado con visa J-1. Ellos pueden solicitar uno de los tres tipos de credenciales estatales, que incluyen una licencia inicial de maestro de tres años, una licencia de maestro profesional de siete años o una “Autorización Provisional de Educador de Intercambio” de un año.

Adele Wilson, directora de Recursos Humanos del Distrito del Condado de Eagle, con 6,600 estudiantes, dijo que su distrito lleva años contratando a maestros internacionales de países como México, Chile, Colombia, Argentina y España, entre otros. Este año, unos 60 de los 500 maestros del distrito son extranjeros, entre ellos algunos filipinos.

La mayoría de los maestros internacionales ocupan puestos de enseñanza bilingüe en el Condado de Eagle, donde aproximadamente la mitad de los estudiantes son hispanos y un 30% está aprendiendo inglés. 

“En el estado de Colorado, ha sido tremendamente difícil encontrar maestros bilingües”, dijo Wilson. 

En las ferias de empleo para maestros, en las que los puestos de los distritos escolares suelen estar en orden alfabético, ella dijo que Eagle suele estar junto a los condados de Denver y Douglas, distritos en los que el sueldo es más alto y donde la vivienda, aunque no es barata, puede ser un poco más asequible.

“El tema de la vivienda es una verdadera barrera para nosotros”, dijo Wilson. 

Para los maestros internacionales, que se quedan unos años y no tienen familia, es un poco más fácil. 

“Generalmente no les molesta vivir en un entorno parecido al de un dormitorio universitario, con compañeros de apartamento”, dijo Wilson.

Maestros internacionales enfrentan dinámicas diferentes

A muchos maestros internacionales inicialmente les sorprende la conducta en la escuela de los estudiantes de Estados Unidos en comparación con los de sus países de origen. 

“En otros países, un maestro está al mismo nivel que un abogado, que un médico”, dijo Wilson, y añadió que algunos maestros internacionales que trabajan en salones de Estados Unidos “simplemente se quedan atónitos al ver que los niños pueden salirse con la suya en algunas cosas.”

Esto fue un choque cultural para Oyson cuando llegó por primera vez a Colorado Springs.  

“Es tan diferente a nuestros estudiantes en Filipinas”, dijo ella. “En términos de conducta, nuestros estudiantes no dicen palabrotas por todas partes... Le hacen caso al maestro todo el tiempo, los problemas de conducta allí son mínimos”.

Durante la primera semana de Oyson en el salón de clases de la Carmel Community School, ella fue muy estricta, relajando las normas gradualmente en la segunda y tercera semana. Dijo que también intentó ver la situación desde otra perspectiva y “entender y abrazar la cultura de los niños”. 

Hoy mantiene vínculos estrechos con algunos de sus estudiantes y está encantada de servir como mentora a los 33 maestros filipinos que llegarán este verano, entre los que se encuentran dos buenos amigos con los que enseñó anteriormente.

Vivir y enseñar en Estados Unidos no fue fácil al principio. Oyson echaba de menos la humedad de Filipinas, la playa y a su marido, entre otras cosas. Pero también llegó a apreciar la experiencia: salones de clase mejor equipados, gente amigable y viajes por carretera a Denver, Breckenridge, Vail y Sante Fe (Nuevo México). 

“Me encanta estar aquí”, nos dijo. Al mismo tiempo, Oyson está consciente de los retos. “Tienes que ser fuerte. Tienes que adaptarte para dominar en lo que haces”. 

Ann Schimke es reportera senior de Chalkbeat y cubre temas relacionados con la niñez y la alfabetización tempranas. Para comunicarte con Ann, envíale un mensaje a aschimke@chalkbeat.org.

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